12 marzo 2020

Covid-19: efectos más allá de la epidemia

 

8 de marzo, L’Econòmic. Artículo de Josep Soler, director general IEF

Ya hace casi tres semanas publicaba un artículo (perdonen la autocita) en que expresaba mi estupefacción por la falta de reacción inicial de las bolsas mundiales ante la epidemia del Covid-19. Y seguía perplejo del retraso al reaccionar, hasta que el jueves 20 de febrero se inició una fuerte bajada en los mercados de acciones que llegó a su punto álgido de casi -15% al final de febrero, y de la cual podrían tardar a recuperarse. Con una cierta dilación, la histeria ha estado como siempre, pero, la consecuencia lógica de la cobardía y el miedo innatas de inversores y agentes bursátiles.

En los últimos meses hemos tratado de explicar en esta misma sección de L’ Econòmic que la economía mundial se encontraba en una expansión en desaceleración amenazada por unos riesgos importantes de empeoramiento que hemos citado y comentado ampliamente: tensiones geopolíticas, guerras comerciales, sobreendeudamiento desbordado en muchos países y, por lo tanto, riesgos de solvencia, etc. Habríamos podido hacer también referencia a la probabilidad de encontrarnos un cisne negro como el coronavirus acurrucado en cualquier rincón, pero, por definición, la aparición de una de estas aves es impredecible, decidida a arruinar todas las estimaciones que con tanta pomposidad genera el mismo sector financiero, como ha sucedido en este caso. Pocas circunstancias sobrevenidas podrían responder de una manera más nítida al término y a la teoría elaborada por Nassim Taleb que este virus no lo esperaba nadie (no hagan caso de los “yo ya lo sabía”), ahora todo el mundo lo querría explicar, y tiene un impacto fuerte en la economía, los mercados y nuestras vidas personales.

A estos impactos hará referencia el resto de este artículo basándonos exclusivamente en el que es conocido hasta ahora y el que podría pasar si todo empeorara fruto de la consolidación de una pandemia y sobre todo si siguiéramos actuando con el punto de histeria e irresponsabilidad actuales.

En primer lugar, para la economía en general. Lógicamente, los mayores impactos recaerán en la economía china y de los países donde se está produciendo más incidencia de la epidemia. En todo caso, cada día vemos con más claridad que las interrelaciones que genera la economía global acabarán haciendo llegar los impactos a casi todo por todas partes. España y en particular Cataluña tienen economías francamente sensibles en los sectores económicos más afectados: turismo, transporte, ocio, comercio y manufacturas basadas en suministros globalizados. Podemos perder al menos un trimestre de crecimiento y, por lo tanto, puestos de trabajo y generación de inversión, que esperará tiempos mejores. Quizás, como dicen algunos, hasta el calor del verano o preverano, que tendría que representar el final de los peores efectos nocivos del Covid-19. Los presupuestos catalanes y españoles nonatos, elaborados bajo un escenario macroeconómico determinado, habrían, por pura lógica, de ser revisados. Ya lo están siendo los de muchas entidades privadas. Ni la recaudación impositiva será la misma que se preveía hace dos meses, ni probablemente las prioridades de gasto pueden quedar sin tocar. La magnitud de la necesidad de cambios lo iremos viendo en las próximas semanas, pero con el que ya sabemos ahora exigiría ajustamientos drásticos. Parece un punto frívolo, teniendo en cuenta lo que está pasando, debatir sobre unas décimas porcentuales de crecimiento en el presupuesto de cultura, pero quizás hay quienes se han puesto la mascareta antivirus en los ojos.

Para los mercados de capitales tenemos los efectos directos derivados de caídas de beneficios en empresas y también los provocados por la fuga de capitales y ahorros hacia la seguridad (¿existen activos seguros?), los originados por el efecto pobreza en inversores que implica retirada de los mercados a deshora y menos consumo e inversión, y sobre todo por el miedo que generan en muchos inversores los números rojos, a pesar de que ellos contribuyen a amplificarlos. Tanto los mercados como la economía confrontan el batacazo con un escaso potencial de actuación en política monetaria y fiscal. El pasado lunes, la FED bajó medio punto los tipos de interés, y los mercados tuvieron media hora de recuperación antes de volver a caer en el pesimismo y las bajadas. Para hacer inyecciones presupuestarias, tampoco vamos sobrados, atendidas las montañas de deuda que tenemos acumuladas y la lógica prevención a aumentar notablemente los déficits públicos.

Finalmente, por todos nosotros. A buen seguro restricciones de movimientos, malestar general por la caída económica (y por tanto en consumo y en ocupación, en magnitud todavía incierta), inquietud -justificada o no- por la misma dolencia, pero quizás una posibilidad que los populismos aislacionistas rampantes se vayan hundiendo por la obviedad que en ocasiones como esta haga falta más cooperación, y no menos, a escala europea e internacional. En todo caso, continuará.