Nota Técnica

Número 50

Noviembre 2020

B 21662-2012

 

Nuevos indicadores económicos para una nueva era

Diego Isabel La Moneda

1. Introducción

«El producto interior bruto (PIB) no informa sobre la salud de nuestros hijos, la calidad de su educación o la alegría con la que juegan. No incluye la belleza de nuestra poesía o la fuerza de nuestros matrimonios, la inteligencia de nuestro debate público o la integridad de nuestros políticos. No mide ni nuestro ingenio ni nuestro coraje, ni nuestra sabiduría ni lo que aprendemos, ni nuestra compasión, ni nuestra devoción a nuestro país, lo mide todo, excepto lo que hace que la vida valga la pena.»

Robert F. Kennedy
18 de marzo de 1968

Estas palabras de Robert F. Kennedy, hace más de cincuenta años y ante veinte mil estudiantes de la Universidad de Kansas, son consideradas como el punto de partida del debate sobre la necesidad de desarrollar nuevos indicadores económicos que reporten sobre el impacto social de la economía en las personas.

Desde entonces, son muchas las voces críticas que se han alzado contra el PIB como el principal indicador de la evolución de la economía en un territorio, ya que no nos dice nada sobre la prosperidad de la vida de las personas, el impacto sobre el medio ambiente de la actividad económica o la desigualdad existente en ese lugar.

En paralelo a estas críticas, hemos asistido al desarrollo de diversas propuestas de índices alternativos a nivel internacional, nacional e incluso local. A nivel internacional, uno de los más conocidos es el Índice de Desarrollo Humano de la Organización de las Naciones Unidas (ONU), desarrollado en 1990 a partir de las ideas del economista Mahbub ul Haq y del filósofo y economista Amartya Sen y fundamentado en parámetros como la esperanza de vida, la educación y el disfrutar de un nivel de vida digno. En el año 2006 el think tank británico New Economics Foundation presentó el «Índice del Planeta Feliz» (Happy Planet Index), cuya fórmula base multiplica la esperanza de vida por la percepción de bienestar y divide el resultado por la huella ecológica del país. De este modo, este índice, que se publica cada tres años, incorpora la percepción de la ciudadanía además del componente medioambiental. En el año 2011 la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos (OCDE) presentó su «Índice de Vida Mejor» (Better Life Index), que se compone de once temáticas vinculadas a la calidad de vida y que abordan los tres pilares del denominado desarrollo sostenible (componentes económicos, sociales y medioambientales) y también añade el pilar de la «gobernabilidad y participación democrática».

De todas las propuestas existentes, la única realmente utilizada por un gobierno como referente para el desarrollo de sus políticas públicas ha sido el «Producto de la Felicidad Bruta» (Gross Happiness Product) creado por el gobierno de Bután en el año 2008. Este índice se diferencia del resto por dos aspectos claves, por una parte, se construye a partir de una encuesta en la que se pregunta directamente a la ciudadanía por aspectos fundamentales de su vida cotidiana y, por otra, el resultado es utilizado para identificar tendencias en cuanto a aspectos clave analizados en la encuesta y, a partir de ellas, tomar decisiones relacionadas con la gestión del gobierno del país y el desarrollo de políticas públicas.

Siguiendo el ejemplo de Bután de utilizar el índice para la definición y evaluación de políticas públicas, en 2019, la primera ministra de Nueva Zelanda anunció su intención de gestionar el gobierno de su país a partir de indicadores económicos que fueran más relevantes para las personas que el PIB. Este fue el punto de partida para los llamados «presupuestos del bienestar» (The Wellbeing Budget 2019), orientados a afrontar los principales retos identificados en Nueva Zelanda; erradicar la pobreza infantil, cuidar la salud mental de la población, apoyar a las comunidades indígenas, potenciar la transición hacia una economía baja en emisiones e impulsar la innovación. Con esta iniciativa, el gobierno de Nueva Zelanda alinea sus presupuestos generales con los principales retos sociales y medioambientales del país y se compromete a medir el impacto de cada uno de ellos a través de indicadores de resultado.

La experiencia de Bután también ha inspirado a pensadores como Christian Felber, creador de la Economía del Bien Común (2012), propuesta de modelo económico que incorpora, como herramientas para medir el éxito de la economía, tanto el .bBalance del bien común (aplicable a organizaciones y también a municipios) como el producto del bien común para gobiernos.

Por último, partiendo de la base de que la realidad de la vida de las personas depende en gran medida de su entorno más local, también se han desarrollado propuestas de índice a aplicar a nivel de ciudad o territorios locales, como el Índice de Felicidad y Bien Común, en el que la propia ciudadanía selecciona las temáticas sobre las que serán preguntados en una encuesta local orientada a ser la base del programa de gestión municipal.

2. Cambio de era, cambio de indicadores

Al inicio de la tercera década del siglo XXI, la ciudadanía global se enfrenta a ambiciosos retos que van desde el alcanzar los Objetivos de Desarrollo Sostenible, aprobados en el año 2015 por la ONU y con el horizonte del año 2030, hasta hacer cumplir el Acuerdo de París para frenar el cambio climático o enfrentarse a crisis pandémicas como la del coronavirus. Podemos decir que no vivimos una era de cambios sino un verdadero cambio de era. Todo ello, dentro de un contexto económico en el que el actual modelo ya ha demostrado, empíricamente y a lo largo de las últimas décadas, que con él nunca seremos capaces de frenar las desigualdades, erradicar la pobreza o frenar la destrucción de biodiversidad en nuestro planeta. A pesar de esta realidad, los políticos, economistas y medios de comunicación siguen utilizando el PIB como índice de referencia para evaluar si la economía de un territorio evoluciona adecuadamente. Continuamente escuchamos en las televisiones y leemos en los periódicos que nuestras vidas serán mejores o peores en función de las perspectivas de crecimiento del PIB en nuestro país.

¿Qué sentido tiene esto? Si de verdad queremos evolucionar como humanidad, si queremos ser protagonistas de un nuevo renacimiento y cambio de era, debemos ser capaces de retar nuestras propias ideas y desaprender, en especial, algunas ideas que hemos tomado como verdades absolutas o dogmas de fe de una religión, la «economicista», en la que el dinero y los números se anteponen e imponen ante las emociones, los sentimientos y, en general, a eso que llamamos, la vida.

3. Hoja de ruta para el diseño de nuevos indicadores

De cara a diseñar nuevos indicadores que midan y reporten sobe el éxito del modelo económico, el primer paso es analizar la eficacia y validez de los actuales indicadores. Siguiendo la reflexión de Robert F. Kennedy, ¿qué nos dice el PIB sobre la calidad de nuestras vidas o las perspectivas de futuro de nuestros hijos?, ¿y sobre la disminución de las desigualdades o la integridad de nuestros políticos?, ¿en qué medida nos informa sobre la salud de los ecosistemas naturales, la calidad del aire que respiramos o la del agua que bebemos?

El PIB tan solo nos informa sobre la cantidad de dinero movido en un territorio a partir de los productos y servicios producidos y comercializados en un periodo concreto. Como indicador cuantitativo tiene cierto interés, pero solo mide el dinero, un medio de la economía utilizado para intercambiar productos y servicios, no el fin de la economía. El fin de la economía debe ser el contribuir al bien común. La propia Constitución Española en su preámbulo declara que:

«La Nación española, deseando establecer la justicia, la libertad y la seguridad y promover el bien de cuantos la integran, en uso de su soberanía, proclama su voluntad de: … Promover el progreso de la cultura y de la economía para asegurar a todos una digna calidad de vida.”

Por lo tanto, si el fin de la economía es asegurar a todas las personas una digna calidad de vida, los indicadores de éxito de la economía deberán reportar sobre la calidad de vida de las personas. Si además admitimos como propios los objetivos de desarrollo sostenible y también los del acuerdo de París de cambio climático, estos indicadores también deberán reportar sobre las materias incluidas en dichos objetivos, tanto las vinculadas a las personas –como la calidad de la educación, la salud o las desigualdades– como aquellas vinculadas a la calidad del agua, el clima y la vida terrestre y submarina.

Además de conocer el tipo de información que deseamos analizar, también es clave que respondamos a la pregunta ¿para qué vamos a utilizar esa información?

3.1. ¿Para quién y para qué deben servir los indicadores económicos?

Al estar vinculados a la calidad de vida de las personas y la salud de los ecosistemas naturales, los indicadores a desarrollar deben aportar información no solo a nivel nacional sino también a nivel autonómico y local. De este modo, su resultado será de utilidad para:

  1. Gobiernos centrales, autonómicos y locales. En función de la tendencia y evolución de los indicadores, los gobiernos podrán diseñar sus programas de gobierno, los presupuestos anuales y las diferentes políticas públicas.
  2. Empresas y las ONG. Los indicadores aportarán información sobre el nivel de satisfacción de las necesidades básicas, la percepción de la ciudadanía sobre diferentes aspectos y los principales problemas sociales y ambientales del territorio, por lo tanto, esta información será de interés para las empresas y ONG que quieran crear un impacto positivo en la sociedad a través de sus productos y servicios.
  3. Ciudadanía, que podrá evaluar el desempeño de los gobiernos (central, autonómico y local) y el grado de cumplimiento de sus programas y promesas.

 

3.2. ¿Cómo deben ser dichos indicadores?

Definido el ‘’¿para qué?’’ y ‘’¿para quién?’’ de los indicadores económicos, el siguiente paso es definir cómo deben ser esos indicadores. En principio, deberán ser, al menos:

  • Fácilmente medibles.
  • Alineados con los objetivos de la Agenda 2030 y los principales retos y problemáticas de la sociedad.
  • Útiles de cara a la definición de programas de gobierno, elaboración de presupuestos y desarrollo de políticas públicas.
  • Escalables, a nivel local, autonómico y nacional.
  • Entendibles, tanto por expertos como por la propia ciudadanía

 

3.3. Pasos en el desarrollo de un nuevo índice compuesto por diferentes indicadores

Una característica del PIB es que, al componerse de un único dato cuantitativo, es fácilmente entendible por todas las partes. Por esta razón, sería recomendable el disponer de ‘’índice’’ único representado por un dato cuantitativo (por ejemplo, entre 1 y 100 puntos) que fuera el resultado de la agregación de diferentes indicadores. Para la determinación del índice o dato final, habría que definir una fórmula que combine tanto indicadores cuantitativos como cualitativos dando un peso determinado a cada uno de ellos según la importancia que se les otorgue.

DSegún esto, el proceso a seguir para desarrollar el “índice” final, sería:

  1. Determinar los indicadores cuantitativos. Ya disponemos de múltiples indicadores cuantitativos que nos aportan información sobre la vida de la población en general tales como la tasa de desempleo, los rangos salariales, los índices de desigualdad (como el índice Gini), el acceso a la vivienda, el nivel de educación o la esperanza de vida. La tarea será determinar cuáles de estos indicadores se incorporan a la fórmula que determina el «índice» final.
  2. Determinar los indicadores cualitativos. Si se aspira a tener un índice socioeconómico, que de verdad refleje el sentir de las personas con respecto a si la economía contribuye o no a desarrollar sus planes de vida, debemos preguntar directamente a las personas. Idealmente, para la definición de los contenidos sobre los que preguntar y la forma de realizar las preguntas, sería recomendable el desarrollar un proceso participativo (a través de grupos de discusión y cuestionarios) para que la propia ciudadanía decida sobre qué quiere que le preguntemos, es decir, qué temáticas son más relevantes en sus vidas. A partir de ahí, un equipo de expertos diseñará la encuesta ciudadana que servirá para recopilar la información cualitativa de manera organizada.
  3. Definir el peso de cada indicador en la fórmula que dé luz al índice final. El tercer paso sería determinar el peso que tendrá cada uno de los diferentes indicadores, tanto los cuantitativos como los cualitativos recopilados mediante la encuesta ciudadana, en la fórmula final.
  4. Diseño de la fórmula final y metodología de análisis. A partir de los pasos anteriores, será sencillo diseñar la fórmula final que dé como resultado el valor numérico del índice. Además de esta fórmula, será importante determinar cómo se reportará sobre el resto de indicadores cuantitativos y cualitativos y también se podrán determinar las diferentes combinaciones de los datos recopilados que aporten información sobre temáticas concretas tales como educación, salud, bienestar mental, autodesarrollo, calidad ambiental, etc. Toda esta información deberá presentarse de forma que sea fácilmente interpretable y utilizable por gobiernos, diferentes organizaciones y la propia ciudadanía.

 

En base a lo anterior (definición de indicadores cuantitativos y cualitativos más asignación de peso a cada indicador) la fórmula final del índice será la siguiente:

Siendo:

  • A, B,… N = Diferentes indicadores tanto cuantitativos como cualitativos, ponderados a una escala de 0 a 100 puntos para poder ser incorporados a la fórmula.
  • A%, B%,… N% = Porcentaje de peso asignado al indicador A.

 

De este modo, el nuevo índice de referencia tendrá un valor entre 0 y 100 y será una media ponderada del peso asignado a cada uno de los indicadores cuantitativos y cualitativos elegidos.

3.4. ¿Quién debería desarrollar este nuevo índice?

Para cumplir con el objetivo de obtener un índice útil de cara a monitorizar el impacto de la economía en las personas y el planeta y que pueda servir tanto para evaluar políticas públicas existentes como para definir nuevas políticas y estrategias, el gobierno central es el actor ideal para liderar el desarrollo del índice (en el caso de Europa, un liderazgo desde la Unión Europea añadiría aún más valor al índice). Eso sí, el trabajo técnico de identificación de indicadores cuantitativos y cualitativos clave debería hacerse con el apoyo de expertos en la materia y en coordinación con los gobiernos regionales y locales, de modo que pueda aplicarse el concepto de «escalabilidad» al índice, es decir, que puedan obtenerse valores de utilidad a nivel local, regional y nacional. Esto también servirá para medir el impacto de diferentes intervenciones (ya sean políticas públicas u otros planes de acción) en diferentes territorios y, de este modo, seleccionar e intercambiar buenas prácticas que contribuyan a mejorar alguno de los indicadores y, en consecuencia, el resultado final del índice.

4. Ahora más que nunca

Son ya muchos años de debate y puesta en marcha de diferentes propuestas para reemplazar al PIB como el principal índice de medición del éxito de la economía. La primera ministra de Nueva Zelanda ya está en este camino y pronto otros gobiernos se sumarán a ella. Necesitamos líderes políticos capaces de arriesgar y buscar nuevas soluciones a problemas que hasta ahora no hemos sabido solucionar. Ahora más que nuca, necesitamos líderes capaces de entender que la economía debe de estar al servicio del bien común. Ahora más que nunca, en una década crítica en la que nos jugamos el futuro de nuestra especie y el futuro de nuestro planeta, ha llegado la hora de apostar por índices e indicadores que midan, como nos dijo Robert F. Kennedy, aquello «que hace que la vida valga la pena».

Sobre el autor:

Diego Isabel La Moneda. Director del Foro NESI de Nueva Economía e Innovación Social. MsC en Global Governance and Ethics por la UCL

Bibliografía:

  • Felber, Christian. La economía del bien común. Bilbao: Deusto, 2012. —Change Everything. Creating an Economy for the Common Good. Londres: Zed Books, 2015.
  • Isabel, Diego. Yo soy tú. Propuesta para una nueva sociedad. Barcelona: Octaedro, 2013.
  • Isabel, Diego. «Índice de Felicidad y Bien Común». Diputación de Barcelona. Barcelona, 2016.
  • Sen, Amartya K. Poverty and Famines: An Essay on Entitlements and Deprivation. Oxford: Clarendon Press, 1981.
  • Sen, Amartya K. & Nussbaum, Martha. The Quality of Life. Oxford: Clarendon Press, 1993. Ul Haq, Mahbub. Reflections on Human Development. Oxford: Oxford University Press, 1996.

Webgrafía:

 

 

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